De patentes, demandas, y otros gadgets…

Diagrama de patente del “Coverflow” de iOS

Como encargado del segmento de tecnología de uno de los noticieros radiales más importantes de mi país, me toca leer a diario -filtrados dentro de mi lista de noticias importantes- artículos que hablan sobre patentes, demandas, arreglos extrajudiciales, y demás. Me molesta que estos se cuelen sin invitación a mi ya de por si larga lista de titulares. Para mencionar de 6 a 8 noticias relevantes para el público promedio (léase: non-geeks) dentro del segmento, debo peinar entre 300 y 400 titulares cada mañana, y ya he perdido las ganas de contar cuántos de estos son de asuntos legales.

El problema básico aquí es que la estructura legal de las patentes no va acorde con la realidad actual; o dicho más simple, el sistema de patentes está dañado. Se ha desgastado por el tiempo y por el uso, que cada vez ultraja más el sentido con el cual fue creado originalmente.

En un principio, las oficinas de patentes se crearon para proteger los derechos de quien crea algo que es útil y capitalizable; por ejemplo, permitirle al creador de un aparato lucrar con su venta e impedir que se use su creación sin que se beneficie. En corto, es para proteger las creaciones innovadoras (ya que algo previamente existente y sin modificaciones, no es patentable). Sin embargo, la realidad del juego de patentes existente hoy en el área de la tecnología no está logrando este objetivo. Mucho se ve que empresas están patentando creaciones comprando patentes para después evaluar los productos de la competencia, determinar cuáles características tienen elementos similares a los de alguna patente que se posea, y demandando después a estas empresas ya sea para obtener dinero de ellas o para frenar la venta del producto (dispositivo o servicio, da igual) que han revisado en busca que “oportunidades de capitalización”.

Esto no sólo eleva los costos operativos de las empresas (que, como no disminuirán sus márgenes de ganancia, nos pasarán todos esos *ALTOS* costos legales a nosotros los consumidores finales), sino que también hace que los productos demoren más en llegar a los consumidores. Finalmente -y MUCHO PEOR AÚN-, atemoriza a los posibles creadores de nuevos productos y tecnologías al pensar que pueden infringir estos derechos de patente sin siquiera darse cuenta y, si su producto/servicio llega a ser popular y tener el crecimiento que todo creador espera que su creación tenga, pueden quedar en la mira de una empresa y ser demandados por sumas de dinero que bien pueden exceder con creces, y múltiples veces, las sumas de todo su patrimonio.

Y entonces pasamos a la pregunta de rigor: ¿Cómo reparamos ese sistema de patentes?

No veo que sea tan complejo desde el punto de vista práctico:

1) TIEMPO
Al someter una creación a la oficina de patentes, cuando sean asuntos relacionados con tecnología (un ambiente de rápido cambio y de poca espera), se le debe poder dar a la empresa un primer periodo prudente para el desarrollo de su producto (de entre 6 y 24 meses, según sea el caso) y un segundo periodo de exclusividad, quizás con los mismos rangos de tiempo, para que comercialice su producto sin mayor problema. Pasado este periodo, su creación pasa a ser de dominio público y, a menos que cree nuevas tecnologías, su competencia tendrá acceso a lo patentado y se nivelará el terreno de competencia.

2) DINERO
Especialmente en pro de los pequeños creadores (que pueden llegar a convertirse en los próximos Jobs, Wozs, Gates, o Dells del futuro), nunca se debe poder demandar a una empresa por un monto mayor al valor de lo capitalizado en sus productos de manera proporcional al contenido y relevancia de esa patente para con el producto como un todo. O sea, que si una patente de, digamos, un string de código que me da una característica importante de mi producto (en el caso de software) sólo es relevante a esa característica y el producto total tiene 10 características importantes, la demanda nunca podrá ser superior a 1/10 del ingreso neto generado por las ventas del producto.

3) RELEVANCIA
Tras ver patentes como la de la textura del fondo *sigh* de los dispositivos iOS, definitivamente queda muy en tela de duda qué criterios se utilizan para conceder patentes a los aplicantes. Hay que hacer una revisión exhaustiva de qué patentes de verdad merecen la pena, cuáles ya han sido concedidas pero no tienen sentido, y cuales de verdad son reales y válidas. Esta es la parte más importante.

También sería positivo crear una ley especial que penalice a los Patent Trolls, que se encargan de revisar y demandar cualquier cosa que haya pasado por alto por los burós legales de las empresas. También habría que ver qué se hace con esas empresas que sólo buscan comprar patentes para demandar y no crean absolutamente nada.

En el mundo de la tecnología, el sistema de patentes debe migrar al siglo XXI y servir como palanca para la creación, innovación y diversificación, no como su freno.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s